Mi vida compartida

“Incluso cuando duermo me robas los sueños”.

Llevo casi 8 años saliendo con la misma persona; en más de una ocasión me han preguntado “si no me canso” y  lo cierto es que compartir una vida puede llegar a despertar altas tasas de egoísmo máxime cuando tendemos a creer que nada nos queda porque todo lo hemos entregado. Vivimos en propiedad pero no en posesión. No puede ser romántico que alguien termine tus frases, es que, sencillamente, no te está dejando hablar. Que tu pareja sepa lo que estás pensando no significa que “estéis conectados”, es que, por repetición, ya nada le sorprende y el misterio, clave del éxito en una relación duradera, habrá sido sustituido por el tedio y la costumbre. Afrontémoslo, las mariposas no Seguir leyendo “Mi vida compartida”

Sobre música y humanidad

No es para mí la música una forma de vida ni un sustituto de mis rezos. Tampoco una obsesión ni tiempo perdido en una agenda apretada; es una liberación del espíritu en cualquier momento del día. Tres minutos de una melodía son la banda sonora de una película en alta definición en la que a veces soy protagonista y otras mero espectador. Mis padres inculcaron en mi día a día el uso de la música. Pasé mi niñez y gran parte de mi adolescencia consumiendo, interpretando y produciendo ondas sonoras frente a un piano, una guitarra, la flauta o el clarinete, incluso hubo un tiempo en el que cantar fue una asignatura pendiente. El autobús del colegio me devolvía cada tarde la alegría de regresar a casa y mis padres, mis entusiastas e incombustibles progenitores, me la arrebataban sustituyéndola por la necesidad de aprender un lenguaje, el musical, aquel que desde nuestro nacimiento nunca nos abandona y nuestras madres entonan una y otra vez de forma hipnótica con el propósito de trasladarnos a otro mundo, el de los sueños.

Encuentro en la música la forma idónea de contextualizar mis sentimientos. Tres minutos de dolor o alegría capaces de transformar cacofonías mentales en melodías llenas de sentido que no sólo elevan el poder de las palabras a niveles de entendimiento global sino que liberan la tensión que cada día creamos al avanzar, dejando atrás un pasado que jamás podremos cambiar, viviendo en un presente que lucha de forma constante por no encontrarse con un futuro incierto. La música no evade mis sentidos sino que les concede el privilegio de la calma y el equilibrio en el que poder ser conscientes de un abismo que jamás dejará de existir y al que de forma incesante todos tratamos de sobrevivir. Huimos de la inseguridad y el miedo, Seguir leyendo “Sobre música y humanidad”

Invisible

Indiscutiblemente algo le había sucedido aquel año. Como le habían explicado era posible que no existiera relación alguna entre las experiencias vividas y su estado de ánimo, quizá porque este último respondía a la carencia de cualquier situación que fuera más allá de lo anecdótico o rutinario. Lo cierto es que siempre había huido de la monotonía y no porque fuera una persona nerviosa, ansiosa o angustiada, es que la idea de que el tiempo solamente dejara arrugas en su piel la atormentaba; como el granizo que araña y escuece pero no moja.

Tachaba con una cruz cada día que quedaba atrás en el calendario pero se resignaba a arrancar las hojas con la esperanza de hacer de ellas y su tinta un fragmento interesante para un editor de moda. ¿Cómo era posible que aquella niña que de una piedra sacaba una pelota hubiese desaparecido, sin más? Las babosas a ambos lados del camino en un día de lluvia ya no inspiraban canciones, sólo componían para ella un símil doloroso con su vida que más que elevarse se enraizaba y acercaba de forma vertiginosa al núcleo candente de su propia destrucción. Los primeros meses asomaban aún verdes y azules retazos desde Seguir leyendo “Invisible”

Te odio

¡No más!

¿Por qué estás ahí y pareces indiferente? Sabes martillearme con gusto y luego te escondes, no ofreces ayuda. ¿Cómo quieres que confíe en ti? Siempre haces lo mismo, juegas conmigo y luego me dejas tirada. Estoy cansada de ser una marioneta, no puedo escapar porque no me dejas pensar. Tú me controlas. ¿Será así por mucho tiempo? No te aguanto y sin embargo no puedo vivir sin ti. No soporto tus penas ni tus lamentaciones, tus palabras, tus consejos. Quieres que me sincere, aquí lo hago y sigues con la misma parodia. Cada día me matas y me devuelves al pozo sin fondo. Sobrevivo sin ti, pareces ayudarme y con hipocresía me animas a ponerme en pie. No lo hagas, no me ayudes, ni lo intentes. Vuelve por donde has venido, escóndete y déjame ser yo. Húndete tú en el pozo y sé tú quien hora tras hora no puedas respirar. No entiendo que sin ti no haya vida, pero es que no puedo, no quiero seguir llorando porque no me quedan lágrimas. No deseo verme morir por dentro. No me humilles. Ni me hables.

¡NO QUIERO SEGUIR ESCUCHÁNDOTE, MALDITA MENTE, MALDITA CONCIENCIA!