Escuchaba una canción y la voz al otro lado del altavoz parecía hablarme, con tono cautivador apartándome del mundo aquel hombre ya no cantaba sino que se dirigía a mí pausadamente, como si hubiera vida al otro lado y esa fuera la única manera de hacerme llegar un mensaje encriptado a los oídos de otros, claro y conciso a los míos. Decía aquel hombre que el mundo pasaba a su lado como si él fuera un espectador en butaca de entresuelo, la vida a intervalos se repetía una y otra vez y aún las cosas podrían ser peores pero ¿y esos bonitos colores, esas coronas y túnicas doradas? El teatro en penumbra desde el escenario la luz le invita a formar parte de la obra pero las horas pasan y sus piernas no responden. Desde los pies hasta la cintura es incapaz de moverse, falta poco para dejar de respirar y desaparecer de la memoria colectiva en un mundo que recuerda olores y olvida la esencia de quien nunca supo como aplaudir al terminar la función.

Que el tren sólo pasan una vez dicen. Yo creo que pasa un millar de veces pero yo ni si quiera he comprado billete. Existen casos de desdoblamiento de la personalidad en respuesta a eventos traumáticos demasiado dolorosos para ser recordados. A veces desearía haber construido muros de hormigón más allá de mis límites, haber bailado un twist and shout que espantara mis miedos. Decidí mantener las formas, alegrar a todos y entristecerme por dentro. Por buscar la felicidad de otros olvidé la mía y mientras sufría esperaba una compensación, me estaba ganando el cielo descendiendo a lo más profundo del infierno. Y así pasaron los días, los meses, los años y ellos con sus coronas y túnicas de alta gama y baja cuna se convirtieron el los reyes y las reinas del tinglado. Pagan para arreglar desperfectos y no miran atrás ni para coger carrera.

Este cuerpecito mío y todo lo que va por dentro no están hechos para este mundo, esta no es mi casa, es la sala de espera o el patio de recreo. Es el claustro del convento, la sala de té del palacio y el lounge de primera para ricos y esclavos. Ricos en bienes, pobres en males, esclavos de placeres y libres de pecados. Arrastrados y altivos, miserables, ahorradores, humildes, engañosos, sinceros de cara, mentirosos frente al espejo. Mentes abiertas de corazones oscuros, claras intenciones en caminos desgastados, originales, anticuados, conservadores de día adictos a la noche. Todos bailando y el bufón riendo. Todos riendo y yo que observo me empeño en mantenerme al margen porque “desde aquí todo se ve más claro”, desde esta butaquita de entresuelo.

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