Mujer objeto de consumo: mujer oprimida

Nunca me había planteado escribir una entrada de carácter divulgativo pero en ocasiones el contexto de una posición crítica requiere unas cuantas líneas de antecedentes históricos.

“And the day came when the risk to remain tight in a bud was more painful than the risk it took to blossom”, Anaïs Nin

MUJER DIOSA MADRE –> MUJER OPRIMIDA

Muchos pactos sociales nos han colocado en esta posición. El hombre cazaba, la mujer recolectaba. Años, cientos de costumbres estereotipadas. Todas ellas nacieron con un propósito. Pero no caigamos en el simplismo analítico, y es que parece que las sociedades prehistóricas, aquellas que giraban en torno a la naturaleza, gozaban de una mayor igualdad de género. Tanto ellos como ellas aunaban esfuerzos con el propósito de obtener una mejor calidad de vida. Lo extraño sería encontrar una actividad que sólo acometieran hombres o mujeres, regla confirmada bajo la excepción de la procreación en la que el varón adulto creía no estar implicado. Así, en la ausencia de responsabilidad masculina, las primeras familias estaban compuestas únicamente por madre e hijos. Ellas eran veneradas como diosas de la fecundidad, aseguraban la continuidad de sus grupos aportando nuevos vástagos que contribuyesen en la abundancia de los productos del campo, de los animales que cazaban, de todo aquello de lo que dependía su subsistencia. La mujer habría sido la primera religión del hombre y la Diosa Madre la primera divinidad.

Pero la evolución siempre ha sido creativa y un nuevo comportamiento cultural otorgó también al hombre la competencia de preocuparse por su descendencia, cuidar y proteger a la prole. La primitiva organización matriarcal daba paso a una “revolución” patriarcal y con ello al castigo y arrebatamiento del poder (en manos femeninas) por parte de los varones. La siguiente cita de Campbell en “Las Máscaras de Dios: Mitología primitiva” resume su fundamento: “Sin duda, en las primeras edades de la historia humana el milagro y la fuerza mágica de la mujer fue una maravilla no menor que el universo mismo, y esto dio a la mujer un poder prodigioso, y una de las preocupaciones principales de la parte masculina de la población ha sido destruirlo, controlarlo y emplearlo para sus propios fines”.

Así el varón vinculado a una mujer, preocupado por su sustento y el de sus hijos, la desposeía de sus funciones como curandera, recolectora o alfarera, lo que posibilitaría un aumento considerable del número de nacimientos y el comienzo de una gran explosión demográfica. Este vínculo se convertiría pues en el primer mecanismo de pérdida de poder femenino y la procreación/maternidad en la única vía de autorrealización para la mujer. ¿Hijos a cambio de sustento? En este análisis somero de la Historia podríamos aceptar como válida una respuesta afirmativa. Existen sin embargo otras teorías concomitantes:

según el antropólogo belga Claude Lévi-Strauss el intercambio de mujeres entre diferentes clanes con el fin de impedir el incesto y atraer a otros hombres que reforzaran la producción, habría supuesto el comienzo de la opresión del sexo femenino. “Los continuadores de Lévi-Strauss —tal como expone la socióloga Beatriz Schmuklerconciben a la mujer integralmente subordinada dentro del parentesco. Su posición está determinada por su valor dentro de un proceso de intercambio entre grupos corporativos de hombres. Las mujeres, en esta concepción, son objetos que se intercambian en lugar de constituirse en sujetos que intercambian. Su lugar es el de signos en un sistema de comunicaciones pues no son intercambiadas en función de sus características individuales, de personalidad o físicas, sino en tanto constituyen representaciones de alguna otra entidad. Las mujeres representan a grupos de descendencia en un proceso de intercambio que sirve para constituir, consolidar alianzas entre ellos (…). La mujer no participa en la construcción de su autodefinición y, por consiguiente, no posee identidad desde la cual negociar su subordinación”.

Decía Voltaire que el secreto de aburrir a la gente consiste en decirlo todo, por ello llegados a este punto no me queda otro remedio más que avanzar en el tiempo, dejando atrás el sustento basado en la caza y la recogida de comida, para alcanzar un tipo de economía más avanzado y prolífero, dependiente de la agricultura, la cría de animales y el artesanado urbano. Tal como los fundadores del Materialismo Histórico, Marx y Engels, reflejaban en La Ideología Alemana*, una mayor eficacia del trabajo permitió la acumulación de un notable excedente productivo que originó, en primer lugar, diferenciaciones y más tarde profundas divisiones entre los distintos estratos de la sociedad. En virtud del papel preeminente que los hombres tuvieron en la agricultura extensiva, la cría de animales y los proyectos de irrigación y construcción, estos llegaron a apropiarse poco a poco del excedente definiéndolo como propiedad privada. Sus riquezas potenciaron la institución del matrimonio y de la familia, otorgándole una estabilidad legal a la propiedad y a su herencia. Con el matrimonio monogámico, la esposa fue colocada bajo el completo control del marido, que aseguraba de este modo tener hijos legítimos como herederos de su riqueza. El aparato estatal fue creado para reforzar y legalizar la institución de la propiedad privada, el dominio masculino y la familia patriarcal. Así nos situamos en el momento histórico en el que resonaban por vez primera las ideas de propiedad privada y Estado.

La mujer había sido excluída en el derecho a poseer algún tipo de riqueza o capital. Por tanto, ¿cuáles eran sus opciones? Incapaz de autosustentarse, fue perdiendo paulatinamente su influencia, su poder político y religioso y su estatus hasta quedar sometida totalmente al varón, el cual daba su nombre a la familia y determinaba sus condiciones de vida y destino. La mujer era alejada cada vez más de la producción social para convertirse en sierva del marido, de la casa y de la familia. Las mujeres, en un tiempo “administradoras” de la sociedad, con la formación de las clases, fueron degradadas al papel de administradoras de los hijos de un hombre y de su casa. Ocupadas en la tarea inaplazable de la vida diaria y el cuidado de la infancia, su educación se atenía a una instrucción en aquello para lo que, se creía, estaban capacitadas: religión, moral, respeto, obediencia, paciencia y/o resignación.

Hubo un tiempo en que se rindió exagerado homenaje a las mujeres como “madres santas” y devotas amas de casa, papel cuyo valor ha ido disminuyendo a lo largo del tiempo, alcanzando su punto más bajo con el capitalismo. Puesto que las amas de casa no producen bienes ni crean ningún excedente para el sistema, no son importantes para los fines del capitalismo. En este régimen existen sólo tres justificaciones para su existencia: el ser amas de cría, guardianas de la casa y compradoras de bienes de consumo para la familia. Su aprovechamiento como consumistas forma parte de un sistema que se desarrolló, en primer lugar, con la explotación del hombre como productor.

¿Ha cambiado esta situación a lo largo de los últimos cien años? Supongo que sí, aunque el camino es largo y el ser humano íntegramente imperfecto. El socialista francés Charles Fourier escribía: “Los progresos sociales y los cambios de período se operan en razón del progreso de las mujeres hacia la libertad, y las decadencias del orden social se operan en razón del decrecimiento de la libertad de las mujeres”.

Y hasta aquí los preámbulos del que será el plato fuerte en próximas entregas: Mujer objeto de consumo: la prostitución.

* “Con la división del trabajo, que lleva implícitas todas estas contradicciones y que descansa, a su vez, sobre la división natural del trabajo en el seno de la familia y en la división de la sociedad en diversas familias opuestas, se da, al mismo tiempo, la distribución y, concretamente, la distribución desigual, tanto cuantitativa como cualitativamente, del trabajo y de sus productos; es decir, la propiedad, cuyo primer germen, cuya forma inicial se contiene ya en la familia, donde la mujer y los hijos son los esclavos del marido. La esclavitud, todavía muy rudimentaria, ciertamente, latente en la familia, es la primera forma de propiedad, que, por lo demás, ya aquí corresponde perfectamente a la definición de los modernos economistas, según la cual es el derecho a disponer de la fuerza de trabajo de otros”.
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Fuentes:

EVELY REED: La mujer: ¿casta, clase o sexo oprimido?

Los orígenes de la opresión de la mujer

C. MARX & F. ENGELS: La Ideología Alemana

MARTÍN-CANO, F. : Del matriarcado al patriarcado

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9 comentarios en “Mujer objeto de consumo: mujer oprimida

  1. Parece que está claro de que es el sistema social, político, económico amén del religioso el que privilegia a un género sobre otro y el que permite de esta forma el dominio de un ser humano sobre otro, generando así dos clases diferentes y cómo no, relaciones de poder entre ambas; alejándose de esta manera del orden natural……y de aquella igualdad , respeto y emancipación ancestral.

  2. Nunca leí nada con tanto empeño y provecho en el tema que nos ocupa. He de decir que por mi experiencia personal siempre he vivido en matriarcados determinantes de vidas y haciendas aunque el análisis que has hecho supera a los límites de lo personal y pesas a otros ámbitos que supongo anteceden a la esencia del escrito. Vaya mi enhorabuena por tu reflexión, léxico y capacidad expresiva…

    1. Tras generalizar nacen las excepciones, de todas maneras, viviendo en sociedad es imposible escapar de las “imposiciones” culturales y aunque en tu casa perviviera el poder de la mujer, estoy segura de que al establecer juicios de valor, la madre seguiría partiendo con desventaja.

  3. La verdad es que has conseguido atraparme desde el principio en lo que ya promete ser una muy buena linea de post con este primero que bajo mi humilde punto de vista ha sido genial. He aprendido mucho acerca de los verdaderos origenes matriarcales de nuestra sociedad, que creo que aun constituyen la base de la actual aunque la vision que aportas de la perspectiva de la mujer desde el punto de vista del capitalismo es devastadoramente cierta, y en nuestras manos esta el cambiarla. Sin duda una gran entrada en tu blog, sigue escribiendo por favor.

  4. Que somero, facilista y “victimizado” es tu análisis del papel de la mujer en la historia. Te recomendaría infórmate mucho mas sobre historia y evolución y no solo leer tratados feministas.

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