Cásate conmigo

De nuevo en mi camino de vuelta a casa me encontré prestando atención a uno de esos escaparates llenos de instantáneas capaces de resaltar nuestros peores defectos: una tienda de fotografía. Y allí los hombres y mujeres en parejas de 2, una de blanco y el otro de negro con las caras de la felicidad más real, pura y… jajaja, eso no me lo creo. Os explicaré por qué.

Sí, sí, sí quiero; así es como comienza ese gran día; así es como comienzan todas las grandes historias de una vida adulta. Ahora plantearé ciertas preguntas al respecto:

– pregunta número uno: ¿por qué el hombre es quién propone y la mujer quién dispone? Realmente me considero una persona de mente abierta pero para ver como un individuo XX se sienta a esperar como su pareja XY (también barajo las opciones XX-XX, XY-XY, pero de eso hablaremos otro día) le propone matrimonio, opino que sobra mucho espacio en mi amplitud de miras. Mujeres del mundo, enterrad los días en que vuestras caderas se movían al compás del duro trabajo de los hombres que alimentaba y mantenía a la familia. Si queréis casaros, decidlo, tiraos en paracaídas y escribid en él lo primero que se os ocurra para que todo el mundo pueda leerlo.

– pregunta número dos: ¿por qué si no crees en Dios te empeñas en que la Iglesia oficie la ceremonia? ya sé lo que todo el mundo contestaría a esta pregunta: “es que quiero hacerlo de blanco”, “es que menudo disgusto se lleva mi madre si un cura no bendice mi santa unión”, “es que ya le prometí a mi sobrino que llevaría las arras”… Quiero imaginarme como persona atea el día de mi boda en una de esas iglesias: detrás de mi 300 personas y delante un hombre vestido con ridículas túnicas que pretende hacerme cumplir como deber en el matrimonio todo lo que está escrito en el libro más vendido de la historia que yo nunca leeré y que además está decidido a hacerme creer que aquello que un tal Dios ha unido ya nunca lo podrá separar el hombre. Para más inri, he de pasarme casi una hora entera haciendo cruces en el aire y cuando por fin siento que mi estómago afectado por los nervios del “gran día” se asienta, el hombre de las túnicas me hace comer una oblea diminuta que según parece es el cuerpo de un tal Cristo que ni tiene cabeza, ni piernas ni nada de nada. Dirán que el día de mi boda fumé mariguana o bebí todas las botellas de vino que me quedaban, pero juro por el aire que respiro que ese día no podré parar de reírme. Hombres y mujeres del mundo, alquilad un gran salón, ponedle bancos y una alfombra roja, vestid al concejal como os plazca y montad un gran espectáculo, pero por favor, sed fieles a vuestras creencias.

– pregunta número tres: ¿por qué marido y mujer? si la unión se celebra entre dos cónyuges heterosexuales, de ella él será su marido y de él ¿ella será su mujer? A pesar de que sea una expresión tan ancestral como nos podamos imaginar, nadie ha dicho que deba perdurar, menos aún cuando en ella atisbo cierta hegemonía del varón sobre su recién estrenada esposa, ¿no es cierto?

– pregunta número cuatro: ¿por qué una orquesta? si mi edad ronda los 30 y al igual que mis amigos más cercanos en mi tiempo libre escucho rock americano, post grunge, pop inglés, rock español… ¿por qué he de contratar a 7 músicos que entonen toda una noche melodías de los 80 y pasodobles de los 60? Supongo que será porque en mi boda, a los invitados “equivocados” les gusta la música equivocada. De esta manera lanzo al aire una nueva cuestión:

– pregunta número cinco: ¿por qué he de invitar a mi boda a 300 personas? ¿acaso mi pareja y yo tenemos tantos amigos?por supuesto que no. Está de más permitir que toda esa gente sea testigo de uno de los días “más felices” de mi vida. No se alegrarán por mi sino por la comida, llenarán mi nueva casa de regalos insustanciales que seguramente podrían formar parte del ajuar de mi futura hija y me obligarán a comportarme de forma hipócrita durante casi 12 horas mientras finjo saber quienes son, me intereso por lo bien que lo pasábamos cuando aún teníamos 18 años o presto atención sobre sus historias acerca de lo que han hecho los últimos 10 lustros de su vida.

Y es así como el día en que haré feliz a unos cientos no podré celebrar mi alegría con unos pocos, los pocos que realmente sabrían apreciarla. Porque todo lo demás no importa.

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3 comentarios en “Cásate conmigo

    1. Si se trata de mi boda me reservo el derecho de opinar sobre la música que escuchan los demás. El resto de los días de mi vida hablaré de “esas personas con gustos diferentes a los míos” 😀

      1. espero poder decir lo mismo algún dia! jajaja Hace poco mi mejor amiga me pidió que me encargue de la música el dia de su boda. Se casa dentro de unos meses y no tiene ni puta idea de música. Tengo miedo de que los invitados me maten jajaj

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