Mujer objeto de consumo: mujer oprimida
Nunca me había planteado escribir una entrada de carácter divulgativo pero en ocasiones el contexto de una posición crítica requiere unas cuantas líneas de antecedentes históricos.
“And the day came when the risk to remain tight in a bud was more painful than the risk it took to blossom”, Anaïs Nin
MUJER DIOSA MADRE –> MUJER OPRIMIDA
Muchos pactos sociales nos han colocado en esta posición. El hombre cazaba, la mujer recolectaba. Años, cientos de costumbres estereotipadas. Todas ellas nacieron con un propósito. Pero no caigamos en el simplismo analítico, y es que parece que las sociedades prehistóricas, aquellas que giraban en torno a la naturaleza, gozaban de una mayor igualdad de género. Tanto ellos como ellas aunaban esfuerzos con el propósito de obtener una mejor calidad de vida. Lo extraño sería encontrar una actividad que sólo acometieran hombres o mujeres, regla confirmada bajo Lee el resto de esta entrada
Mi vida compartida
“Incluso cuando duermo me robas los sueños”.
Llevo casi 8 años saliendo con la misma persona; en más de una ocasión me han preguntado “si no me canso” y lo cierto es que compartir una vida puede llegar a despertar altas tasas de egoísmo máxime cuando tendemos a creer que nada nos queda porque todo lo hemos entregado. Vivimos en propiedad pero no en posesión. No puede ser romántico que alguien termine tus frases, es que, sencillamente, no te está dejando hablar. Que tu pareja sepa lo que estás pensando no significa que “estéis conectados”, es que, por repetición, ya nada le sorprende y el misterio, clave del éxito en una relación duradera, habrá sido sustituido por el tedio y la costumbre. Afrontémoslo, las mariposas no Lee el resto de esta entrada
ETA, políticos, la Iglesia y un amigo
Con el compromiso y la carga voluntaria de tener un blog, lo propio es alimentarlo y no dejarlo morir, o al menos darle la oportunidad de crecer. No entiendo muy bien cómo de entre miles y miles de nuevas entradas la mía puede llamar la atención de tan si quiera una pequeña cantidad de lectores, aún así lo seguiré intentando con ahínco y sin descanso, claro que a veces como a quien le importa no hablar con la boca llena, no deberíamos hacerlo con la cabeza hueca y la mía, en ocasiones, se merece un descanso. Por ahora, ¡leed insensatos!
Lo que hoy escribo se lo debo a un buen amigo al que llamaremos XY-NN, con el que, por suerte, no siempre estoy de acuerdo.
Comentaba mi amigo en su página de Facebook las últimas declaraciones de nuestro actual Ministro de Justicia, Caamaño (que no Camacho, no vayamos a confundir el toque de balón con tocar las pelotas), en relación a ETA, Lee el resto de esta entrada
Sobre música y humanidad
No es para mí la música una forma de vida ni un sustituto de mis rezos. Tampoco una obsesión ni tiempo perdido en una agenda apretada; es una liberación del espíritu en cualquier momento del día. Tres minutos de una melodía son la banda sonora de una película en alta definición en la que a veces soy protagonista y otras mero espectador. Mis padres inculcaron en mi día a día el uso de la música. Pasé mi niñez y gran parte de mi adolescencia consumiendo, interpretando y produciendo ondas sonoras frente a un piano, una guitarra, la flauta o el clarinete, incluso hubo un tiempo en el que cantar fue una asignatura pendiente. El autobús del colegio me devolvía cada tarde la alegría de regresar a casa y mis padres, mis entusiastas e incombustibles progenitores, me la arrebataban sustituyéndola por la necesidad de aprender un lenguaje, el musical, aquel que desde nuestro nacimiento nunca nos abandona y nuestras madres entonan una y otra vez de forma hipnótica con el propósito de trasladarnos a otro mundo, el de los sueños.
Encuentro en la música la forma idónea de contextualizar mis sentimientos. Tres minutos de dolor o alegría capaces de transformar cacofonías mentales en melodías llenas de sentido que no sólo elevan el poder de las palabras a niveles de entendimiento global sino que liberan la tensión que cada día creamos al avanzar, dejando atrás un pasado que jamás podremos cambiar, viviendo en un presente que lucha de forma constante por no encontrarse con un futuro incierto. La música no evade mis sentidos sino que les concede el privilegio de la calma y el equilibrio en el que poder ser conscientes de un abismo que jamás dejará de existir y al que de forma incesante todos tratamos de sobrevivir. Huimos de la inseguridad y el miedo, Lee el resto de esta entrada
Invisible
Indiscutiblemente algo le había sucedido aquel año. Como le habían explicado era posible que no existiera relación alguna entre las experiencias vividas y su estado de ánimo, quizá porque este último respondía a la carencia de cualquier situación que fuera más allá de lo anecdótico o rutinario. Lo cierto es que siempre había huido de la monotonía y no porque fuera una persona nerviosa, ansiosa o angustiada, es que la idea de que el tiempo solamente dejara arrugas en su piel la atormentaba; como el granizo que araña y escuece pero no moja.
Tachaba con una cruz cada día que quedaba atrás en el calendario pero se resignaba a arrancar las hojas con la esperanza de hacer de ellas y su tinta un fragmento interesante para un editor de moda. ¿Cómo era posible que aquella niña que de una piedra sacaba una pelota hubiese desaparecido, sin más? Las babosas a ambos lados del camino en un día de lluvia ya no inspiraban canciones, sólo componían para ella un símil doloroso con su vida que más que elevarse se enraizaba y acercaba de forma vertiginosa al núcleo candente de su propia destrucción. Los primeros meses asomaban aún verdes y azules retazos desde Lee el resto de esta entrada
¡Jod*r con el viejo!
Ocho y media de la noche. Doce horas fuera de casa y la mochila en mi espalda parece pesar el doble que esta mañana. No es que cargue más peso, es que mis fuerzas flaquean, y cuando entro en el autobús, un euro por un asiento, me encuentro en la coyuntura de cederle mi sitio al pobre anciano que se ha subido tras de mí y que sin duda ha visto el esfuerzo de mi espalda reflejado en mi cara. Él no ha pagado más que yo, él no usa bastón o muleta y, por las circunstancias, él se ha convertido en Sansón (aunque su calvicie pudiera decir lo contrario) mientras que yo podría formar equipo con sus compañeros de parchís y acabar convertida en carne de cañón, expuesta sin miramientos a sufrir cualquier clase de daño. Exhausta. Pero aún así me ha mirado y murmullado, y sin saber lo qué ha podido mascullar entre dientes o dentaduras, como si suyos fueran los poderes divinos, me he levantado y sonriente le he cedido mi asiento, avanzando así por los episodios de la falsedad, laresignación, el enojo, la rabia, el resentimiento y el odio, la construcción afectiva de mayor riesgo para nuestra salud emocional que sin duda acabará por destruirme Lee el resto de esta entrada

